EL DÍA DE LA MONA

La Celebración del Lunes de Pascua

Por Pau Herrero i Jover

El día de “La Mona”, los días de “La Mo­na”, porque en Novelda y bajo la misma de­nominación       celebramos dos festividades. La una el Lunes de Pascua y la segunda, al si­guiente lunes, festividad de San Vicente.

Unas fiestas lúdicas que consisten en pa­sar todo un día en el campo o en la huerta. No hace aún muchos años, en dichos días, se or­ganizaban grandes “partidas de mona” en las que tomaban parte familiares, amigos y alle­gados, y todos juntos marchaban, general­mente a pie, con la típica “sistella” repleta de sabrosas viandas, al chalé de fulano o a la ca­sita de zutano, y los que no tenían un sitio de­terminado a donde ir, salían hacia diferentes lugares, preferentemente cerca del pueblo, con la “Serreta”, la “Llama Rodona”, el “Xorro 1 ‘Assut” y a otros donde se conviniera.

Al mediodía la comida indiscutible era el “arros amb conill “, regado con buen vino del lugar y después de haber disfrutado de un co­pioso aperitivo en el que la bebida masculina era la clásica “paloma”, y la femenina e in­fantil el vermout y la gaseosa marca “El Santuario “, fabricada en Novelda. Por cierto, que cuando la gente iba a la tienda a com­prarla la solían pedir diciendo: Dame una “Casera” del “Santuario”. ¡Cosas!

Los días, cuando eran buenos, invitaban a pasarlos al sol, y allí se organizaban juegos en los que intervenían todos los asistentes, la “túla”, la “corretja “, la “gallineta cega “, a “macút”, “saltar la carda” y otros, que se ce­lebraban en medio de carreras y risas. Por la tarde, a la hora de merendar, se sacaban las “Monas”, una especie de “toña” mediana con un huevo cocido encima, y separando el hue­vo de la masa se estrellaba sobre la frente de aquel que se tenía más cerca.

Eran fechas propicias para comenzar no­viazgos, pero también para romperlos, “las fet la risa a menganet”, “pos tu has ballat en su­taneta” y por causas como estas los novios se ponían “de morros”.

Pero quizás, el hecho más sintomático que diferenciaba a Novelda de las poblaciones ve­cinas consistía en la famosa “Cançó de la Mona”. Unas letrillas compuestas en valen­ciano y adaptadas para la ocasión, con músi­ca de las canciones más populares del mo­mento. En ellas se hablaba preferentemente de las mozas, del buen comer y de todo lo que giraba en torno a la celebración, pero eso sí, con una comicidad y un gracejo que invitaban a la general hilaridad. No había partida de mona que se preciara que no las cantase has­ta desgañitarse.

Pascual García Martínez, “Pascual, el Pintor” es sin ningún genero de dudas el ma­yor exponente de dichas coplas, al que cabría añadir a Vidal “el de la imprenta”, Daniel Abad y otros que, en menor medida, también participaron en su composición.

Estas canciones se prolongaron desde el primer cuarto de este siglo hasta ‘los últimos años.

Revista Semana Santa de Novelda.  Año 2000

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